Pilar López Bernués

Pilar López Bernués

Escritora de novelas de intriga, aventura y misterio.

Libros Forum

Contenido

Introducción

Comencé a dar Libros Forum en 2009, cuando la Editorial Bruño me envió a diversas zonas de España para dar charlas en colegios e I.E.S., especialmente a alumnos de primero y segundo de ESO, aunque también las he dado a estudiantes de tercero y cuarto y hasta a niños de sexto de primaria. Mis libros adolescentes, que forman la saga “Aventureros en acción” se habían convertido en libros-de-lectura-trimestral.

Si mis cálculos están bien, entre 2009 y 2018 he hecho 273 forums en diversas ciudades del estado español, tanto en capitales de provincia como en pueblos.

Libros Forum - Pilar López Bernués

Yo no había hecho ningún libro forum, ni tan siquiera asistido a alguno, cuando en 2007 o 2008 conocí en el Líber de Barcelona a la entonces directora de la colección Altamar de Editorial Bruño (Trini Marull). Ignoraba en ese momento que existía la posibilidad de ir a Colegios e Institutos para dar charlas a los alumnos que leían mis novelas como libros-de-lectura-trimestral, y de ello me enteré porque T. Marull lo comentó y me ofreció la posibilidad de hacer esa actividad. La idea me pareció muy atractiva, no obstante, mi desconocimiento sobre el tema, y en 2009 acepté encantada desplazarme a distintas provincias de la península a requerimiento de los promotores, que son los que contactan con los Centros escolares ofreciendo libros de la editorial y organizando en algunos casos esas visitas de autor.

El primer año estuve en Valencia, León, Alicante, Albacete, de nuevo en Valencia, Alicante y finalmente en Murcia. Hasta 2018 he repetido en algunas de las localidades anteriores y pueblos del entorno y he dado charlas en Bilbao, Vitoria, Barcelona, Lleida, Sevilla, Huelva, Oviedo, Gijón, Miranda de Ebro (Burgos) y Badajoz. En la mayoría de casos viajando también a poblaciones de las provincias y hasta entrando en otras zonas colindantes.

Al regresar de mi primera experiencia (siempre di forums durante el segundo trimestre a excepción de unos pocos casos) escribí lo que viví y lo que sentí. Y como me parece divertido. Aquí transcribo parte de aquellas vivencias iniciadas en 2009 y que escribí nada más llegar a casa tras el último forum de aquel curso escolar.

Saga "Aventureros en Acción"

La saga, compuesta por bastantes libros, seis de ellos editados por Bruño, está protagonizada por un grupo de amigos variopintos, que a pesar de sus diferencias dan mucha importancia al valor de la amistad y se convierten en una piña ante las dificultades en que en ocasiones se meten buscando el misterio y la aventura. Hay entre ellos una incipiente historia de amor, algún otro enamoramiento y una muchacha que padece anorexia y a la que sus amigos vigilan constantemente e intentan ayudar, aunque cada uno a su manera, desde las chanzas del gordinflón benjamín del grupo que la llama “Casi guapa”, porque está demasiado delgada, hasta las reflexiones y consejos de los dos chicos más mayores. También el líder del grupo es un ecologista y trata por todos los medios de convencer a sus compañeros de lo importante que es proteger el planeta y ser respetuoso con todas las especies que conviven con nosotros.

Mi intención con esta saga adolescente fue la de crear un grupo simpático que pudiera servir de ejemplo a los jóvenes lectores al tiempo que transmitía ciertos valores y cuestiones importantes, como puede ser la esclavitud del culto al cuerpo que llega al extremo de hacer caer en enfermedades como la anorexia.

Primeras experiencias: libros forum 2009

La primera experiencia en el tema fue en 2009, una actividad que siguió el siguiente recorrido geográfico: VALENCIA-LEÓN-ALICANTE-ALBACETE-ALICANTE-VALENCIA-MURCIA. Normalmente, me desplazaba un domingo por la tarde en tren, aunque también lo hice en avión. Pasaba unos días en la zona (habitualmente cuatro jornadas, pero podían ser de una a cinco), regresaba a casa y el siguiente domingo o, como mucho, el posterior, marchaba a otro destino.

El primer viaje me llevó a Valencia. Fui en tren y llegué al hotel a altas horas de la noche sin saber muy bien qué debería hacer al día siguiente, no solo por mi desconocimiento sobre esa actividad que me esperaba y cómo desenvolverme, sino porque en el hotel no tenían ninguna nota para mí e ignoraba a qué hora me recogerían.

Lo que sí me quedó claro fue que me tocaría madrugar puesto que desconocía en qué momento alguien iría a buscarme.

“Mal empezamos” -me dije- “Esto va a ser una aventura en toda regla”.

Pues nada, madrugué, me duché, fui a desayunar en cuanto abrieron el comedor y me instalé entre el vestíbulo y la puerta de entrada al hotel, entrando y saliendo, esperando ver detenerse un coche que no sabía de qué marca era ni tampoco el color. Y por no tener, no tenía aún el teléfono del que iba a ser mi compañero y me llevaría a varios Centros durante parte de la semana, repartida en función de la zona entre los tres promotores que en esos momentos se ocupaban de contactar con I. E. S. y organizar esas charlas.

No hube de esperar mucho, sin embargo. Serían apenas las ocho de la mañana cuando un coche grande y rojo se detuvo ante el hotel y el conductor me hizo una seña. ¡Ahí estaba el promotor al que no conocí hasta ese momento! Me saludó, se presentó… Se veía un hombre muy agradable y cercano, me cayó bien. Preguntó si llevaba tiempo esperando y le expliqué que solo unos minutos, aunque ignoraba a qué hora me recogería y traté de ser todo lo puntual posible. Extrañado, dijo que había llamado al hotel la tarde anterior para que me entregaran una nota suya al llegar yo. “Pues a mí no me entregaron nada, y eso que pregunté. Igual hubo cambio de turno y se despistaron” -sugerí-. Y, de pronto, él se dio cuenta de que, al parecer, telefoneó por equivocación a un segundo hotel de la misma compañía. Se deshizo en disculpas, y yo, riendo, le aseguré que esas cosas pasan, sobre todo a mí, que soy muy despistada.  ¡¡Fin del misterio!!

Pilar López Bernués - Libros Forum

Ya con el coche en marcha, pregunté en qué consistían los libros forum, confesándole que ese iba a ser el primero para mí. Me dijo: “Cada maestrillo su librillo”. Y explicó que todos los autores somos diferentes y también los I. E. S., que hay Centros en los que los estudiantes hacen preguntas o las llevan preparadas, otros en los que todo se improvisa…, pero que no me pusiera nerviosa. Por increíble que parezca, sin embargo, no lo estaba, nerviosa quiero decir; me podía la ilusión de poder charlar con los lectores y atesorar una nueva experiencia.

Llegamos a primera hora al I. E. S. que nos esperaba, justo cuando aún iban entrando alumnos, pero nadie recordaba que teníamos que llegar… ¿? Luego resultó que la profesora responsable de la actividad no estaba aquel día.

En fin, pasamos muchos minutos sentados en el vestíbulo mientras un bedel y algún profesor habilitaban el salón de actos. Iba pasando el tiempo y tras ese encuentro teníamos otro en un lugar distinto… y algunos más a lo largo del día.

Pero, finalmente, pude dar allí mi primer libro-forum, en un espacio enorme, una sala de actos que parecía un teatro y con montones de estudiantes llenando todo el aforo.

Tras presentarme brevemente, se me ocurrió dirigirme a los chicos de forma coloquial y cercana, para lo que comencé hablándoles de mis dos mascotas: un Pastor Alemán y un gatito aún muy pequeño. Sus andanzas levantaron carcajadas y ello creó un clima distendido que nos llevó a charlar sobre el libro leído; respondí preguntas de todo tipo, firmé libros y vi a los alumnos pasarlo bien.

No debió salirme muy mal la charla porque en ese Centro repetí varios años seguidos. Sin embargo, como la ley de Murphy es a mi juicio una ciencia exacta, olvidé silenciar el móvil y sonó a todo volumen en medio de la actividad. No era, ni soy, adicta al teléfono; apenas recibía llamadas, más aún en 2009 cuando no vivíamos tan pendientes como ahora de ese tercer brazo al que llamamos móvil, por lo que la primera sorprendida (y abochornada) de que se le ocurriera a ese trasto interrumpir mi primer libro-forum, fui yo.

Ni que decir tiene que las anécdotas y vivencias son muchas y muy variadas, pero lo que más me ha enriquecido y me ha “llegado” ha sido el contacto directo con los chicos, algunos de los cuales me han regalado inolvidables muestras de afecto.

Pero mejor ir por partes y, para reír un rato, voy a empezar por lo más divertido:

ANÉCDOTAS:

-Había estado algunas veces en hoteles de cuatro y hasta cinco estrellas cuando trabajé de informática durante dos lustros en la empresa en la que estuve veinticinco años, antes de que un ERE nos dejara a todos los trabajadores en la calle. Pero no recuerdo haber pisado un hotel con un baño de diseño minimalista; mucho, bonito, sí, y hasta original; pero no sé si muy práctico…

Y esto viene a cuento porque en un hotel me topé con un ejemplo muy elaborado de ese “Arte moderno”: Cuando ya estaba en la bañera, descubrí que el mango flexible de la ducha iba unido, por supuesto, a lo que se conoce como “alcachofa”, pero el conjunto era de auténtico diseño ¿? Sostuve en la mano un canuto circular de acero, aparentemente soldado por todos lados, sin orificios a la vista para la salida del agua; ni por arriba, que fue donde miré primero, ni por ninguna parte… La idea de pedir ayuda a recepción me dio corte, de modo que tras dar vueltas y más vueltas al cilindro opté por girar la parte superior; no se veía ranura alguna, pero deduje que tendría que existir una rosca por algún sitio… ¡La encontré! Desenroscando, me quedé en una mano con el canuto separado ya del flexo y en la otra el último descabezado… Por supuesto, ¡el agua salió a chorro!

Solo al día siguiente descubrí en un lateral de ese artefacto cilíndrico diminutos orificios rectos, uno al lado del otro y tan diminutos como puntas de aguja, pensados para que el H2O saliera por ahí en forma de cortina, pero tan disimulados que resultaban invisibles sin gafas de “culo de vaso”.

-El siguiente cilindro que encontré en otro hotel era de semi-diseño. Yo ya estaba preparada para luchar contra los canutos y ese, que era algo abombado y dejaba a la vista los orificios laterales para la salida de agua, me pareció “pan comido”. Pero… ¿Cómo imaginar que me esperaba otro reto acuático? Cuando yo ya presumía de dominar la ardua tarea de ducharme en un hotel, apareció el “más difícil todavía”:

Me encontré en una bañera con la habitual salida inferior, una plataforma enorme sobre mi cabeza (algo así como un ovni visto desde abajo) y el canuto; ¡¡¡tres salidas!!! Además, el mecanismo con el que tenía que vérmelas no poseía un mono-mando sino que disponía de un grifo para la temperatura ¿? (yo iba dando vueltas a ese trasto y el líquido salió como quiso), y otro para abrir el agua, ambos provistos de palancas que no logré averiguar para qué servían porque las toqué y no vi efecto alguno. Tres salidas pero solo dos grifos -medité-, y uno estaba claro que supuestamente era para elegir la temperatura…  Cuando encontré el modo de desviar el agua de la parte inferior a la superior sucedió lo que ya me temía: El “ovni” situado sobre mi cabeza me dejó empapada. Pero…, ¿y el canuto-móvil?, ¿cómo diablos conseguir que el agua saliera por ahí para poder coger el trasto con una mano y ducharme en condiciones? Después de examinar detenidamente la instalación y lograr a tientas cerrar el grifo correcto para no seguir inundándome, no me quedó más remedio que seguir con las manos el recorrido de las tuberías hasta encontrar ¡oh bendición! una palanquita camuflada entre la cañería y la pared (ni hecho a posta) que se ocupaba de escupir el agua por el cilindro… Me extrañó encontrar en ese hotel un gorro de baño (no lo hay en todos)… ¡Ahora sé por qué lo pusieron allí!

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¿A nadie se le ha ocurrido crear un Master del tipo: “Aprende a lidiar con las duchas de los hoteles”?

-También en un hotel quise que se me tragara la Tierra y no me soltara antes de llegar a las Antípodas… Resulta que acababa de conocer a otro autor de Bruño (Heinz Delam) que hacía el mismo trabajo que yo, es decir: libros forum. Aunque en su caso ya llevaba algunos años con esa actividad. A ambos nos instalaron en el mismo hotel.

A las ocho de la mañana a él lo recogería un promotor y a mi otro. A las siete fui a desayunar; allí estaba Heinz y otras tres o cuatro personas, todas con cara de sueño y en completo silencio… Bueno, saqué un café de la máquina automática y fui a añadir leche que había en un termo… No sé si la jarra estaba mal cerrada o es que yo tenía el día gafe, pero en cuanto incliné el artefacto sobre la taza la tapa se abrió. ¡La que monté! ¿Cómo puede caber tanta leche en un recipiente tan pequeño? Me salpiqué yo, manché la repisa, la máquina de café, el suelo, la pared… El pobre Heinz me fue pasando algunas servilletas de papel al tiempo que me decía que esas cosas pasan. Rápidamente, el maître se hizo cargo de la situación y envió a una muchacha a limpiar… ¡No me atreví a mirarla más que de soslayo para no enfrentarme a su cara de “pocos amigos”!

-Estaba con una promotora tomando un café mientras hacíamos algo de tiempo para ir al Instituto que nos esperaba cuando aproveché para ir al aseo… El bar era nuevo, recién estrenado, y tenía dos niveles separados por tres o cuatro escalones. No había más clientes. Nosotras nos situamos en la parte inferior y yo (no podía ser de otro modo) probé en la superior, pero aquel servicio era de hombres.

Vale, regresé abajo y, sí, ahí estaba el mío… No había pulsador de luz exterior, de modo que abrí la puerta y… ¡me pegué un “leñazo”! ¡Había un escalón no señalizado! Me paré con las manos en la pared de enfrente, situada a un metro poco más o menos y junto al lavamanos. A tientas, di con el interruptor de la luz.

Cuando regresé a la mesa, la promotora y yo seguimos charlando, haciendo tiempo para llegar al I. E. S. a la hora acordada. Un poco después fue ella la que se acercó a los servicios. No pensé en prevenirla (palabra de honor) y al momento escuché un “PIM-PAM-PUM” (otra víctima).

-También con una promotora, y el día que yo ya regresaba a casa, nos pasó algo increíble: Sólo teníamos una sesión, situada a cien km. (eso sí), pero hasta mediodía no nos esperaban y el tren lo tenía por la tarde. No hacía falta madrugar y ella me recogería en el hotel a las nueve…

Bueno, a las nueve menos cuarto yo ya había liquidado la factura y, con mi equipaje, me senté en un sofá del vestíbulo con vistas a la calle y, concretamente, a la zona de “carga-descarga” en la que mi compañera me había recogido y dejado el día anterior.

A las nueve no había ni rastro del coche-rojo-enorme de la promotora, a las nueve y cuarto, tampoco; me planteé llamarla por teléfono pero, como soy muy despistada, pensé que, quizá, habíamos quedado más tarde puesto que no teníamos prisa… Cinco minutos después, oí: “¡Pilar! ¿Qué haces ahí?”. Ella descendía los escalones que procedían de recepción… ¿Cómo contar lo que pasó?. El coche-rojo-enorme llevaba veinte minutos aparcado en la zona de carga-descarga, pero justamente una columna del hotel tapaba ese trozo de mi vista. Yo, que miraba hacia la puerta cada vez que se abría, no vi entrar a mi compañera, pero ella tampoco me vio a mí. Preguntó en recepción y le dijeron que “ya me había ido”. Y ante su insistencia: “¿Cómo se va a ir?, ¿dónde se ha metido esta mujer?” alguien parece que me señaló: “¿Será esa que lleva ahí sentada un buen rato?”

En fin… Íbamos con todo el tiempo del mundo y ya habíamos perdido lo nuestro jugando al gato y al ratón cuando, para “rematar”, la promotora vio que iba sin gasolina, “Y acababa de pasar por delante de una estación de servicio” -se lamentó-. Era impensable tomar la carretera y llegar a la próxima gasolinera, no llevaba suficiente combustible. Teníamos que repostar en la ciudad, pero el repostaje más próximo estaba al otro lado de una avenida de doble sentido, no había más remedio que circular un buen trecho en dirección contraria antes de poder dar la vuelta, y todo eso sazonado con los consiguientes atascos de hora punta… Bien, pisando el acelerador a tope, ¡conseguimos llegar a la cita sólo un minuto tarde!

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-En un Instituto, la típica sirena que se usa para anunciar la entrada en el cole o en clase la habían sustituido por música rock, a todo trapo. No sé si los estudiantes atenderían en las aulas, pero seguro que no llegaban dormidos.

-En un Centro me dijeron que cuando anunciaron que una autora iba a ir, un crío se extrañó y soltó: «Yo creía que todos los escritores estaban muertos».

-En un I. E. S. de La Mancha, durante el fórum, un alumno me preguntó si había leído El Quijote; confesé que todavía no, aunque lo tenía pendiente. Pregunté si alguien lo había hecho y, para mi sorpresa, se alzaron varias manos (hablamos del Quijote, Quijote, no de una antología o una adaptación moderna para estudiantes de primero y segundo de ESO). El misterio se resolvió cuando la profesora de Lengua me explicó que un profesor del Centro, cuando castiga, obliga a leer esa obra en el patio, de principio a fin. Bueno… ¡Seguro que durante muchos recreos los revoltosos no tienen tiempo de dar guerra!

-Nos reímos en un Colegio cuando explicaba que a veces me conecto a «San Google». “Lo apodo así porque lo encuentra todo” -apunté-, “y pillo a muchos buscando resúmenes de mis libros”. Otros -añadí- me los pedían directamente a mí, por el morro… Informé que no suelo hacerles los deberes a los que quieren escaquearse de trabajar y pretender engañar a los profes; y recalqué “pretender” porque les dije que los profesores, antes de serlo, han sido alumnos y saben perfectamente quién ha trabajado y quién no; pueden hacer “la vista gorda”, quizá, pero no hay duda de eso -aseveré-; y, por mi parte, no sería ético ni haría un favor a los estudiantes.

Expliqué, no obstante, que yo tengo un blog en el que ya los hay, resúmenes, quiero decir. Sin embargo, sí percibí algo extraño… (misterio): Justo en los comentarios que pueden dejarse al pie de esos escritos, alguien había puesto: «¡URGENTE, necesito un resumen de este libro!» y bajo otro título: «Ya podías poner resúmenes, ¿no?».

El enigma se resolvió cuando se me encendió la “bombilla”… (Aquí la atención de los chicos era intensa). Resulta que esos textos no están etiquetados como «resumen» sino como «sinopsis». A la pregunta de si sabían que ambas palabras son sinónimas el 80% de los alumnos dijo que no. Y ahora la bomba final y carcajadas cuando conté que un chaval de un Insti, ante esa explicación, me soltó que eso de “sinopsis” le sonaba a ¡película de terror!

-Ya os he explicado que suelo abrir los foros con anécdotas de mis mascotas y que eso rompe el hielo inicial. Bueno, pues mi gato se llama Aneto. Ignora la cantidad de gente que lo conoce y hasta sabe cómo es, porque yo suelo llevar una foto en la agenda. Les podía la curiosidad a los alumnos ante las divertidas historias, ya que lo adoptó el perro y lo cuidaba como nadie. Si yo reñía al minino él se metía bajo las patas del chucho y me miraba chulesco, como diciéndome: “Éste que es grandote me protege”, algo así como: “Aquí está mi primo Zumosol”. En uno de esos fórums en los que Aneto se convirtió en protagonista, un crío preguntó sorprendido: “¿Se llama así, como el caldo de pollo?” (carcajadas) “Le puse ese nombre porque es gris, blanco y marrón, como el monte Aneto, que es la cima más alta de los Pirineos” -respondí-. ¿Lo sabíais? -inquirí. Y no, no lo sabía nadie.

I.E.S Y COLEGIOS PÚBLICOS Y PRIVADOS

A primera vista, se podría creer que los Centros públicos se tomarían poco en serio la actividad de libro-fórum y que los privados la tendrían muy en cuenta. Pero nada está más lejos de la realidad.

Me he encontrado de TODO y la separación no tiene que ver, en absoluto, con esa etiqueta.

En algunos colegios los responsables no recordaban que tenía que ir y no había nada preparado, la charla comenzaba tarde y, por tanto, tuvo que ser más corta. Muchos profesores parecían no entender que su Centro no era el único al que debía asistir y, por tanto, no se podía alargar la actividad puesto que me esperaban puntualmente en otro lugar.

En el momento de firmar libros (al final del fórum) muchos niños lo habían olvidado, cosa comprensible, especialmente si se trataba de un lunes, pero en algunos casos los chavales afirmaron que nadie les había dicho que iba la autora al Insti ni, por supuesto, que podían coger la novela para que se la firmara; y esa última afirmación la creo a pies juntillas, sino en todas, sí en un porcentaje alto de veces a juzgar por lo que vi.

La mayoría de Institutos disponían de micrófono (algo de agradecer cuando las actividades se dan en un espacio grande y ante mucha gente), pero el 80% de los que me atendieron no sabían instalarlo, algunos echaron mano del responsable de mantenimiento tras buscarlo por todo el edificio, y otros ni se molestaron en hacerlo.

A un Centro concreto llegué cuando estaban celebrando “La semana de la cultura”, lo que equivalía a que no había clases sino actividades diversas… Bueno, cuando llegamos la promotora y yo, el salón de actos estaba ocupado por tres o cuatro chicos que tocaban música. Nos despacharon a la biblioteca, un lugar que no mediría más de 20-30 metros cuadrados; estaba amueblada con mesas encaradas entre sí, con sus respectivas sillas, lo que suponía que si todo lo dejábamos igual algunos alumnos estarían de espaldas a mí ¿? Un único profesor (que además no era el responsable de la actividad), mi compañera de Bruño y yo nos dedicamos a apartar las mesas y encarar las sillas, del todo insuficientes, además. Ese fórum lo di con niños sentados en el suelo, otros sobre las mesas, algunos más de pie, la mayoría comiendo bocadillos y unos cuantos entrando y saliendo… Al final hubo disculpas y la frase, repetida hasta la saciedad: “Es que estamos en la semana cultural”. Y mi pregunta es: ¿Qué habría pasado de haberme topado con “la semana del cachondeo”?

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-En otro Centro, viejo, enorme y destartalado porque estaban a punto de mudarse, el promotor y yo llegamos a pensar que un alienígena había aterrizado cerca e iba secuestrando gente:

Nos atendió una subdirectora (la persona encargada de la actividad), nos llevó a un salón de actos situado en el último piso, algo parecido a un inmenso desván; preguntó si necesitábamos alguna cosa (pedí el micrófono) ¡y no volvimos a verla!

Cinco minutos más tarde apareció alguien con una caja negra, la dejó sobre una mesa y desapareció sin decir media palabra. Iban pasando los minutos y mi compañero y yo ahí estábamos, como dos pasmarotes. Durante un tiempo oímos los gritos de los críos y el típico barullo de los Colegios si hay gente en los pasillos o el recreo, pero en un momento dado se hizo el silencio absoluto. Miramos por las ventanas: el patio y resto de edificios anexos parecían desiertos. No se escuchaba más sonido que el de las golondrinas y el promotor y yo nos dedicamos a contrastar conocimientos sobre las aves migratorias…

¡Al fin apareció una estudiante! Nos vio, vio que estábamos solos y dijo que iba a buscar a los demás. Y debió irse muy lejos porque no regresó.

Mucho después otra muchacha hizo lo mismo. Si aquello hubiera sido una película, yo habría apostado a que alguien iba secuestrando gente.

Afortunadamente, y más de veinte minutos después de la hora prevista, una profesora “normal” (encantadora, por cierto), se hizo cargo de la situación… Como allí debía dar dos fórums seguidos y ya había pasado mucho tiempo, decidió que las dos charlas se harían juntas e hizo llegar a los alumnos del primer y segundo turno. Por fin se instalaron todos los escolares.

Pero… ¡Ahí no terminó la cosa! Saqué el micrófono inalámbrico de la caja negra que dejó el bedel mudo y lo puse en marcha sin problema, mas un minuto después ¡mis palabras fueron secundadas por un “PUM-PUM-PUM” como música de fondo! Conseguí entender que ese armatoste lo utilizaban como karaoke e, imagino, tendría accionada en alguna parte una tecla que marcaba el ritmo. Nadie sabía como quitar ese acompañamiento musical, justo en un I. E. S. en que se juntaron estudiantes de dos o tres aulas y en un espacio bastante grande. Así que me “tocó” charlar de viva voz mientras iba bebiendo agua para aclararme la garganta. ¡He bebido más agua en dos meses de la que suelo beber en todo un año!

-Con otro promotor “aterrizamos” en un Centro instalado en barracones. Y ese es el lugar peor al que he ido, no por la provisionalidad de los edificios sino por la pésima educación de los chicos y la incapacidad total de los profesores para domarlos… De entrada, la mayoría se sentaron de espaldas a mí, hablando en corrillos; muchos, los que se dignaban mirar al frente, lo hacían recostados sobre un brazo y aguantándose la cabeza, mostrando una inequívoca señal de aburrimiento antes de empezar la charla y hablando en inglés porque (según explicó una profesora) la mayoría eran hijos de británicos instalados en una urbanización cercana y desdeñaban dirigirse a los docentes y similares en castellano (mucho menos en valenciano, claro).

Ahí, por supuesto, no había micrófono y me tocó forzar la voz por encima del murmullo de conversaciones de los que estaban de espaldas. Conmigo había un profesor con pinta de “gorila de discoteca” que no abrió la boca, sólo se situó al lado de la puerta (igual para evitar que algún crío se escapara), y dos profesoras; la primera siguió el ejemplo de su compañero y ejerció de “florero” y la segunda, muy agradable (eso sí) fue la única que, tímidamente, iba diciendo: “Os pondré un parte”. Por su puesto, ni su voz ni su aspecto apocado sugerían que esa amenaza fuera real.

-Me sorprendió que en algunos Centros (no necesariamente públicos ni situados en un barrio de chabolas), han adoptado una práctica de lectura algo peculiar… Si hay, por ejemplo, tres clases de 1º de ESO (pongamos 90 niños) sólo se compran 20-30 libros y los chicos se los van pasando… No escribo esto pensando en los legítimos derechos editoriales y de autor que se pierden sino en la labor educativa de esos Centros: De entrada, convierten una obra en un objeto de “usar y tirar” (o usar y pasar), sin enseñar a los niños lo importante que es poseer una biblioteca propia. En segundo lugar, como educadores, están mostrando que es totalmente lícito pasar de esos derechos de autor y de la propia editorial… Bueno, no sé qué argumentos tendrán los profesores para explicarles a sus alumnos que bajar películas y música de Internet es una práctica ilegal porque atenta contra la propiedad intelectual y esos mencionados derechos…

Quizá sería más lógico (siempre pensando en la formación de los chicos y los principios básicos y éticos) dejar que cada alumno compre el libro si quiere y disponer en la biblioteca de cuatro o cinco ejemplares para aquellos que no los vayan a comprar o no puedan (hablamos de menos de 8 €); y si terminado el curso un Centro piensa que le sobran libros repetidos en la biblioteca escolar, siempre los podría regalar a aquellos chicos más destacados o con menos posibilidades ¿?. Esta solución no servirá para vender más; sin embargo, me parece moralmente más ética.

¡Pero no todos los Institutos son así, afortunadamente!

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En algunos I. E. S. se curraron la actividad: Fotografías y dibujos en el mural de corcho anunciando la charla, alumnos con cuestiones preparadas y trabajos hechos, profesores diciéndoles a los chicos que tenían una oportunidad única: conocer al autor del libro que acababan de leer y hacerle preguntas… En algunas ocasiones llegué a emocionarme ante las muestras de bienvenida y la acogida que recibí por parte de tutores y alumnos. Siempre recordaré dos presentaciones en Power-Point en diferentes Centros como introducción a la charla, presentaciones sobre mi vida, mis aficiones, mi música preferida, mis libros… Ambos fueron trabajos muy bien hechos y me tocaron la fibra emocional.

También he recibido algunos obsequios: dos ramos de flores, una planta, un tarjetero, dos copas de cóctel, bolígrafos, un pisapapeles artesanal…

Pero los regalos que más me han emocionado han partido de los alumnos:

-Una niña me entregó un papel doblado mientras firmaba libros. No me permitió leerlo en ese momento, no delante de los demás… Me encontré con unas palabras extraordinarias, del tipo que es mi fan número uno, que se va a leer todas mis novelas… Esa nota la tengo plastificada para evitar perderla.

-Muchos niños, que solo habían leído en clase un libro, me entregaron dos y hasta tres distintos en el momento de la firma. Me aseguraron que la saga les había enganchado y se compraron por su cuenta los otros.

-En varios I. E. S., al terminar la charla, algunos profesores me dijeron que los chavales ya les habían pedido leer la siguiente novela el próximo trimestre.

-También en muchos Centros me han asegurado los tutores que los libros les gustan a los chicos de 1º y 2º de ESO y que, para su sorpresa, los han leído hasta los que no tienen por costumbre hacerlo o, decididamente, no lo habían hecho nunca.

-Un caso en concreto me “llenó”. Un muchacho me dijo que la primera novela de la saga, la que leyó en el Colegio, fue el primer libro leído en su vida, que hasta ese momento no le gustaba leer y ya se había leído los tres que estaban publicados en ese momento.

-Hay chic@s que me han pedido consejo porque quieren ser escritores, que me han dicho que no van a olvidarme nunca y otros me han propuesto entrevistarme para una radio del I. E. S…. Es imposible explicar con palabras el abanico de emociones que muchos alumnos despertaron en mí después de las charlas.

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-¡Ah! Además de libros he firmado papeles sueltos, agendas, trabajos escolares sobre mí y la obra leída, manos, brazos enyesados…; pero nunca imaginé que un chico me abordaría con un rotulador indeleble, de esos que abultan lo suyo, para pedirme que le firmara… ¡la mochila!

-Recibo comentarios en los blogs, la web y el correo electrónico que hacen que se me expanda el corazón y que todo el trabajo infructuoso, difícil y frustrante anterior a este momento y relacionado con la Literatura lo de por bien empleado, porque ahora esas vivencias me sirven para charlar con los chicos y alentarlos a creer en si mismos y no rendirse nunca.

La experiencia de los libros forum ha sido para mí inolvidable, enriquecedora y muy gratificante. Creo que hoy somos (ellos y yo) un poco más ecologistas, más respetuosos con el planeta, los animales y, por supuesto, con las personas.

Más historias

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¿Sabéis que cuando tenía que coger un AVE para regresar a casa casi tuve que subir al tren en marcha? Pues eso, corriendo, con tacones, arrastrando la maleta, el bolso, una bolsa de mano y con el billete entre los dedos llegué al andén con la boca abierta. El muelle era el último de la estación y los dos funcionarios ocupados del embarque ni siquiera me pidieron el billete, tan solo gritaban: “¡¡¡Corra, corra!!!” y luego: “¡¡¡Suba al vagón más cercano, que el tren se va!!!” Por supuesto (como no podía ser de otro modo) mi coche era el primero de un largo convoy y “el más cercano” el último. Subí a escape por la primera puerta que vi y me recorrí el ferrocarril de punta a punta, ya en marcha, claro, haciendo equilibrios y con el móvil dándome la vara llamada tras llamada porque el comercial de Bruño, que no llegó a aparcar el coche, ignoraba si había logrado subir al tren o tendría que recogerme para llevarme al hotel.

Eso ocurrió en Valencia y no fue culpa nuestra llegar tarde. El promotor y yo comimos fuera de la ciudad tras salir de un último forum en una población del interior. En el restaurante nos sirvieron al ralentí, ralentí, ralentí…, y eso que dijimos que teníamos mucha prisa. Como no podía ser de otro modo, y con la comida en la boca, pillamos un atasco de los grandes antes de entrar en Valencia capital y por ésta circulamos sin mirar el contador de velocidad. Me bajé del coche junto a la estación solo dos minutos antes de la salida del tren, convencida de que no llegaba. Pero sí, sí llegué, aunque poner un pié en el estribo del último vagón y arrancar el tren fueron hechos simultáneos.

Para no ser menos, en León me ocurrió lo mismo con un avión. En esa ocasión comimos tranquilamente, pero tuvimos que salir a escape al ver que el tiempo se nos echaba encima. Y, claro, había obras en la carretera y estaba casi atascada. Al llegar al aeropuerto, que es (o era) poco más que una caja de cerillas, no me querían dejar embarcar porque “hay que estar un hora antes”. Entre el promotor y yo tratamos de convencer al funcionario de turno y tras un largo “tira y afloja” decidió “perdonarme la vida” cuando le indiqué que el único avión estaba ahí, perfectamente aparcado tras los cristales, y el comercial que me acompañaba se quejó de que debía haberme ido el día anterior pero se negaron a cambiarme el billete a menos que se pagara uno nuevo.

Al pasar por el detector de seguridad, aquello empezó a pitar. Al otro lado, una mujer enorme y malcarada, con aspecto de funcionaria de prisiones de las de antes, se cuadró ante mí y dijo que me quitara toda la “chatarra” que yo suelo llevar puesta (colgantes, anillos, pulseras, reloj…) Le dije que si tenía que quitarme todo eso entonces sí perdería el avión, pero no cedió. Cuando conseguí pasar al otro lado sin hacer saltar el pitido, entonces el que me hizo abrir una bolsa de mano fue el primer funcionario. Y es que había comprado algunos embutidos y el dependiente me regaló dos botes de vidrio conteniendo morcilla; no reparé en ello porque habitualmente viajaba en tren. Total, me indicó ese hombre que no podía embarcar con eso, a lo que le respondí que se lo quedara. Entonces, algo chistoso, dijo que esas morcillas eran muy buenas y que subiera al avión de una vez.

Todavía hube de esperar unos minutos a que despegara el mini avión “Vueling” con destino a Barcelona. En aquellos momentos supe que en ese aeropuerto solo tenían dos únicos vuelos de ida y vuelta: uno a Madrid y otro a Barcelona, por lo que las dos personas que me atendieron debieron hacer un trabajo extra conmigo. Y no veo justificado en ese caso que intentaran seguir el protocolo de “estar en el aeropuerto una hora antes del despegue” con el solitario avión a dos pasos.

Me tocó como compañera de asiento una jovencísima mujer, vestida como las musulmanas y que lo era realmente. Iba a Casablanca. Apenas hablaba castellano y me enseñó un papel con instrucciones porque desde Barcelona debía coger un avión con destino a aquella ciudad. Me pareció tan desamparada que al llegar al aeropuerto del Prat la acompañé por largos pasillos y pregunté en información para orientarla porque en el Prat hay dos terminales, en aquellos momentos obras y, en nuestro caso, hubimos de caminar centenares de metros para recoger los equipajes y luego seguir líneas de colores en el suelo hasta encontrar el lugar de embarque a Casablanca… No perdí el avión en León, pero aquella jornada llegué a mi casa rozando la medianoche.

Mas eso último no me importa. Es mejor recorrerse todo el aeropuerto para ayudar a alguien que llegar al domicilio a la hora de la cena.

Y hablando de aviones: En uno de los viajes a Bilbao di con una noche de fortísimo viento. No se veía nada del exterior y el avión iba cabeceando. Y no poder ver lo que sucede fuera, porque la luz interior lo impide, crea mucha incertidumbre e indefensión, doy fe de ello. Pensé que si una de las alas tocaba suelo nos tendrían que recoger a pedazos. Afortunadamente, el comandante pudo aterrizar aunque haciendo tumbos. Pero al coger el taxi que me llevaría al hotel, el conductor, literalmente, me dijo: “¿Cómo se le ha ocurrido coger un avión con este tiempo?” ¡Lo que me faltaba! Y, como remate, ya encontré el comedor cerrado y hube de cenar un bocadillo en la cafetería o pedir un servicio de habitaciones, no lo recuerdo exactamente.

De los niños tengo “millones” de anécdotas que no voy a explicar para no aburriros. Pero hay una que sí me gustaría compartir porque aún  hoy me río:

Estaba en un colegio de Andalucía. Admito que la jerga andaluza (con todos mis respetos, por supuesto, me cuesta algo entenderla porque se comen letras). Pero si en Sevilla, que es más cosmopolita, me apañaba, cuando fui a un colegio situado en un pueblo de Huelva no “pillaba ni una”. He de decir que ese Centro era encantador, continente y contenido, y que me trataron con una cordialidad absoluta y hasta me regalaron un inmenso ramo de flores, eso por delante.

Bueno, al final de los forums suele llegar el momento en que los chicos me piden que les firme libros. Como la firma va personalizada con su nombre, me encontré con que la mayoría de alumnos (supe luego que en ese I. E. S. había estudiantes de setenta culturas, la mayoría inmigrantes) tenían nombres poco o nada conocidos, por lo que muchos tuvieron que deletreármelo para escribirles la dedicatoria.

Pilar López Bernués - Libros Forum

Cuando le tocó el turno a una niña menuda, delgada, muy dicharachera y le pregunté cómo se llamaba, su respuesta fue: “Zara”. “¿Zara con zeta?” -pregunté-. Con las manos en la cintura y cara de asombro me dijo: “¡Noooooooo! ¡Zara con ece!”. Escribí su nombre con “ese”, es decir: Sara. Y parece que acerté…

He dado charlas en lugares variopintos, algunos en capillas de los colegios, otros en espacios públicos cedidos para la charla y uno, en concreto, con todos los alumnos sentados en el suelo.

Ese último lo di en un pueblecito de Lleida. Era el mes de junio, faltaban pocos días para concluir el curso y el calor era asfixiante porque el fórum estaba previsto para las tres de la tarde. Además, los alumnos eran de sexto de primaria y no tenían más de diez años. Como la editorial Bruño etiquetó mis libros para mayores de doce años, aquello me sorprendió. Y he de decir que el fórum, las preguntas que me hicieron los peques y la atención que mostraron me impactó. Pero, claro, para que los niños no se durmieran decidieron colocarlos en el suelo fresquito del vestíbulo y a mí en una diminuta mesa en la que solo cabía mi bolso y un vaso de agua. En cualquier caso, fue un éxito, aunque acabamos minutos antes de lo previsto.

He de decir que la mayoría de los promotores suelen dejarme en el Centro y luego me pasan a recoger. Aprovechan ese tiempo para hacer llamadas o visitar a clientes.

Delante de ese colegio ya vi al llegar que justo enfrente hay una plaza grande reconvertida en un zoo para aves. No me gustan los zoos, pero aquel me pareció muy bien ideado: Un gran lago central, diferentes casetas para pájaros, nidos en pinos y en el suelo, árboles, arbustos, hierba y un sinnúmero de especies distintas que convivían, como patos, cisnes blancos y negros, ocas y un largo etc., todo ello cercado con una barrera metálica de poca altura.

Como al salir del Colegio el promotor no había regresado, decidí esperarlo allí contemplando las aves, y entonces me percaté de que un polluelo pequeño estaba en la parte exterior del recinto. Sin duda había saldo por algún hueco de la cerca y no conseguía volver a entrar. Su madre lo llamaba desde dentro pero el pollito no encontraba la manera de reunirse con ella…

No podía dejarlo ahí, allí lo cogería un gato, algún gamberro o ¡vaya usted a saber!

En cuanto me acerqué a él para cogerlo echó a correr mientras su madre (ahora sé que era una oca india) corría desde el interior y me lanzaba graznidos que nada tenían de amistosos. Al ver la escena, los patos que estaban en el agua salieron a chafardear y otras aves de buen tamaño secundaron a la madre del polluelo y corrieron como ella, atentos a lo que hacía yo al otro lado de la verja e increpándome. Pensé que si había cámaras del Ayuntamiento por ahí pronto vendrían los Policías Locales y me montarían un pollo de los grandes, no como el ídem al que intentaba salvar. Entre los gritos de unos, otros y las carreras pensarían que iba a llevarme el zoo entero.

Sin poder coger al pollito, corrí tras él hasta que dimos una vuelta completa al recinto vallado (yo con tacones). En ese momento, agotado, corrió hacia atrás, o sea, hacia mí, y ahí me pude hacer con él.

Pilar López Bernués - Libros Forum

Me sorprendió comprobar que era diminuto. Las plumas le daban volumen pero el cuerpo era muy pequeño. Lo acaricié brevemente para tranquilizarlo porque el corazón le iba desbocado. Todas las aves seguían a la expectativa, secundando a la madre que había corrido desde el interior llamando al pollito e increpándome a mí. Cuando vio que lo tenía en las manos me miró de tal forma que no he olvidado aquella expresión: tristeza, incertidumbre, impotencia, miedo… No esperé más. Con cuidado eché al “bebé” por encima de la verja y su madre corrió a reunirse con él.

¡Ah! ¡Me olvidaba! Fui varias veces a la región de Murcia, pero durante las primeras visitas me atendió un comercial contratado porque el titular estaba enfermo. Mas llegó el día en que ese titular se ocuparía de mí, por lo que pedí al primero que me indicara cómo reconocerlo: “Unos cincuenta, bigote, coche de empresa como los que has visto en Valencia…”

Vale, salí del hotel a la mañana siguiente y me aposté en la acera.

A la hora prevista, vi un coche de alta gama, del mismo color (gris oscuro) que los que vi en Valencia y de la misma marca (eran todos de renting). Caminé hacia el vehículo y me extrañó que el conductor no me mirara… Parecía tener unos cincuenta años, como me dijo el otro promotor que tendría. Pero no llevaba bigote -medité-. Sin embargo, podía haberse afeitado…  Me disponía ya a abrir la puerta del copiloto cuando el coche, que había estado detenido por un “Ceda el Paso” giró por la callejuela lateral que circundaba el hotel. Al momento, vi que una mujer salía del vestíbulo y se subía al vehículo… ¡No hubiera imaginado que en una ciudad pequeña dos coches idénticos (de alta gama) me recogerían a mí y a otra persona en el mismo hotel y a la misma hora! Solo me faltó un segundo para abrir la puerta del primer vehículo, sentarme y decir: “Hola, soy Pilar”.

Pilar López Bernués - Libros Forum

Y no quiero acabar sin decir que en un colegio del extrarradio, con barracones pequeños y sin apenas un espacio para poder dar una charla (hubo que reducir el número de asistentes) fui recibida con muchas muestras de afecto por parte de los estudiantes, poco habituados, como me dijeron los profesores, a que se les prestase atención. Todos iban con su libro para que se lo firmara y de todos me llevé un recuerdo encantador y frases fantásticas…

He de decir que en uno de los primeros fórums que di me regalaron una libreta de notas con anotaciones en las primeras páginas escritas por los alumnos, pero me pidieron que lo usara para poder recoger comentarios en otros Colegios, y eso hice desde ese instante. Tengo llenas cinco o seis libretas como esa y con el paso de los años no me canso de releerlas alguna que otra vez.

Por el contrario, en un I. E. S. (céntrico y bastante grande) me llevé una decepción:

Al terminar la charla, cuando los chicos hacen fila para que les firme los libros y yo les dejo el cuaderno donde pueden escribir lo que quieran (si quieren), y riendo les digo que por mi parte no hay censura, la mesa, que no suelo usar mientras doy las charlas pero sí para firmar, estaba situada muy próxima a la pared. Los estudiantes se me echaron encima desde todos lados y estuvieron a punto de empotrarme contra el muro porque se desplazó la tabla y mi silla con yo sentada. La profesora, que estaba delante de mí, ni siquiera les llamó la atención. Pero lo “bueno” llegó cuando una niña no me dio a firmar solo el libro leído sino dos de la misma saga y me preguntó dónde podría comprar el tercero. Le dije que cuando llegara el promotor a recogerme le preguntaría a él. Entonces, la profesora que había ejercido de florero le dijo a la muchacha: “No hace falta comprar, que para eso están las bibliotecas”. Cuando el promotor llegó a buscarme y yo le pregunté dónde aquella niña podía comprar el siguiente libro, la profesora repitió lo mismo ante él, sin cortarse un pelo y sin tener en cuenta que esa actividad de libros fórum es un regalo que hace la editorial.

Por supuesto que las bibliotecas están para leer libros, pero no me parece que sea razonable quitarle de la cabeza a alguien, que quiere comprar porque va a hacerse la colección, que pase de hacerlo. Y como he escrito en otro punto, no pienso en los legítimos derechos de autor y editoriales, sino en lo poco que se aprecia la cultura en algunos lugares.

Cuando muchos críos me han preguntado en diferentes y muchos Colegios cuánto gano con mis libros juveniles no se lo pueden creer: Entre el 6 y el 8% del P.V.P. sin el I.V.A. Como los ejemplares se venden sobre los 8-9€, eso representa unos 40-50 céntimos por cada libro COMPRADO, no por cada ejemplar LEÍDO.

Y aquí lo dejo por el momento. Gracias por leer.

Pilar López Bernués

Reportajes hechos por algunos colegios