Pilar López Bernués

Pilar López Bernués

Escritora de novelas de intriga, aventura y misterio.

Contratos Editoriales Engañosos

Contratos editoriales engañosos

Como algunos de vosotros sabéis, voy publicando con Ed. Bruño la saga adolescente “Aventureros en Acción”.

Pero no solo escribo L. I. J. Pasé muchos meses (años en realidad) creando una novela intimista, sustentada sobre una investigación criminal, algo exótica, con intriga, más de 500 páginas…que finalmente puede publicar en la editorial Amarante con el título «Diario de a bordo«.

No obstante, antes de que mi obra fuera aceptada por la editorial Amarante, tuve que vivir en primera persona lo que hubiera sido una estafa en toda regla y lidiar con una de tantas editoriales con trampa que hay en nuestro país, algunas de las cuales se hacen pasar por editoriales tradicionales. Por suerte, no mordí el anzuelo (aunque fue por poco). 

Dedicada de lleno a buscar editorial, me encontré ante los muros habituales: Algunas no responden y dejan con la duda de qué harán con el material; las hay que exigen que se les remita la obra ya impresa (lo que supone un desembolso económico que no siempre se puede asumir).

Hay gente que no se ha enterado de que existen las nuevas tecnologías, por lo que parece…; curiosamente, esas últimas empresas no son pequeñitas, suelen ser editoriales importantes, en general; otras más ya impiden directamente que el servidor acepte e-mails; algunas se molestan en replicar: “No aceptamos originales que no hemos pedido”. “Prueba a presentarla al Premio de…”. Y muy pocas se quedan con el manuscrito, dándose un plazo para valorarlo pero sin asegurar muchas de ellas si responderán o no (en otras palabras: si pasan muchos meses y no dicen nada es que no interesa (parece que enviar un simple “NO” por e-mail es muy costoso)).

Así estaban las cosas cuando dos editoriales que NO se anuncian como de copago (o copago encubierto) aceptaron mi manuscrito, lo leyeron en pocos días y estaban muy interesadas… La primera me pedía descaradamente la mitad de los costes de edición. La segunda me obligaba a preparar por mi cuenta presentaciones y a comprar a PVP los 90 primeros libros o el remanente que restara tras presentar la obra. (Estoy hablando de Ed. Oxford, a través de un sello alternativo (Eride o algo parecido) y de Ed. Chiado en el último caso (un auténtico pago disfrazado, que obliga al autor a convertirse en comercial, mover sus libros y comprar a precio de venta, IVA incluido, los que no coloque)).

Por ahí andaba el tema cuando di con ENTRELÍNEAS EDITORES:

  • Se anunciaban como una editorial seria y tradicional.
  • Colgaban en su página un decálogo destinado a los autores con objeto de que no sean estafados.
  • Mostraban un catálogo muy variado y que abarca varios géneros.
  • Hablaban de presentaciones y estancias en la Feria del libro de Madrid.

Hice una propuesta editorial, presentándome y enviándoles una sinopsis de la novela que les ofrecía, además de mi bibliografía.

Me respondieron de inmediato, aceptando leer el original en unos 5-10 días, que les debía enviar junto a un protocolo bastante amplio conteniendo DNI escaneado, resumen y características de la obra, público al que iba destinado, un esbozo de cómo me gustaría que fuese la cubierta… etc. En caso de que les gustara la novela, hablaban de publicarla en un plazo corto (dos, tres meses).

Reuní todo eso y se lo remití adjuntando el manuscrito en PDF. Crucé los dedos…

Y sí, unos diez días más tarde recibí un pre-contrato para que le diera el visto bueno antes de formalizar el definitivo.

A primera vista, ese borrador parecía aceptable. Era cortito, se leía deprisa y contenía las premisas legales que suelen incluirse en este tipo de documentos.

El autor percibiría el 12% del precio de venta sin IVA (no estaba mal). Luego, vi que se firmaba por un año y 200 ejemplares (eso me pareció poco fiable y muy parecido a la Autoedición o Coedición, pero aún así no le concedí más importancia por el momento, todo puede negociarse). El escritor debería remitir la novela en formato Word y revisada por él (no solo no me importó sino que me gustó, algunas editoriales cuando tocan una obra a veces la destrozan).

Como la mayoría de documentos de estas características, el contrato remitía a los juzgados en caso de desacuerdos entre las partes, se apoyaba en el Real Decreto Legislativo de 1996 para resolver temas de propiedad intelectual, el editor se comprometía a obtener el ISBN y el Depósito legal… También se aseguraba la continua comercialización y hablaba de presentaciones y estancias del autor en eventos, como firmas de libros… En fin, aquello era un contrato bastante standard a primera vista. Pero…

  • En uno de los apartados, el escritor se comprometía a acudir a las actividades que fijara la Editorial, pero ni una mención de en qué condiciones.
  • En otro punto se especificaba que la Distribuidora no informaba sobre cuántos, dónde y cómo distribuía los ejemplares. (Esto último me pareció surrealista, y más aún que se hiciera constar en el contrato. ¿De veras un editor desconoce qué hace el distribuidor con sus libros? Aquello me dio mala espina).
  • No había ni una palabra sobre ediciones digitales ni traducciones a otros idiomas.

En definitiva, muchas lagunas si el documento se leía con calma y, parafraseando a la editorial, se analizaba “entre líneas”.

Pero lo que me preocupó realmente fue que me obligaran a desplazarme por la geografía nacional y el texto no aclaraba nada al respecto, solo que el autor se ponía a disposición de la agenda editorial... No estaba en situación de viajar por mis medios, pero tampoco dispuesta a pagarme viajes y estancias. La ambigüedad de ese apartado no me gustó.

Les escribí para decir que no podía viajar, a menos que fuese la Editorial la que corriera con los gastos. Y la respuesta fue un simple: “Solemos llevar a los autores por su zona”.

Admito que estuve a punto de aceptar. Pero entonces mi marido me instó a que esa última premisa la aclararan en el contrato, es decir: que yo me movería por Barcelona si hacía falta, pero que en caso de desplazamientos o pernoctas eso debería asumirlo la Editorial.

Escribí nuevamente pidiendo la aclaración de esa cláusula en el contrato definitivo y también les planteé algunas dudas, entre ellas lo referido sobre las distribuidoras, qué ocurriría en caso de que la obra fuese traducida o editada en ebook… Y otras menos importantes, como si el autor recibía algún ejemplar gratuito o ellos estaban dispuestos a enviar alguno para reseña, etc.

¡Curioso! A vuelta de correo, ENTRELÍNEAS editores me emplazó a pedir a Bruño que me editaran ellos ese manuscrito y me deseaban suerte. ¡Nada más!.

Buscando por Internet vi una gran cantidad de entradas en foros y páginas que ponían a ENTRELÍNEAS editores a “caer de un burro”.

Hablaban de mentiras, estafa, de que el autor acaba pagando sí o sí… Una mujer explicaba que la obligaron a desplazarse a Madrid desde Barcelona para firmar el contrato con el pretexto de verse porque tenían muchos documentos-tipo, pero solo le enseñaron uno en el momento del acuerdo (lo tomas o lo dejas); otra, que ya había publicado un libro con ellos, los llamó para entregarles el segundo y le colgaron el teléfono cuando dijo que estaba pendiente de recibir una subvención destinada a esa obra; algunos autores explican que no han percibido nada por sus libros o hasta desconocen si se han vendido o no; etc, etc, etc…

Ya había leído algo de lo anterior antes de que Entrelíneas me diera carpetazo y yo misma me alegré de haberlos pillado a tiempo con “el carrito de los helados”. Pero la verdad es que me fío poco de lo que veo en la Red, sea positivo o negativo. En ambos casos, queda la duda de si lo primero es propaganda propia o lo segundo procede de gente que se entretiene en molestar por el gustazo de sembrar discordia. Prefiero crearme mi opinión y hasta estoy dispuesta a conceder la presunción de “inocencia”, especialmente si una empresa pone en su web (a modo de gancho para ineptos, ahora lo veo claro) un decálogo de buenas praxis.

Visto lo visto, he decidido que no voy a callarme y que es una cuestión moral y de principios alertar a otros autores. He aquí algunas cuestiones de interés:

  • ¿Por qué una editorial rompe la relación con un autor en el momento en que le hace algunas preguntas sobre el contrato y, además, se niega a aclararlas?
  • ¿Es normal que un editor pierda el interés por una obra cuando el autor le anticipa, honestamente, que no podrá costearse desplazamientos impuestos por su agenda?
  • ¿Un contrato de un año y 200 ejemplares es serio? (No hablaban de prorrogarlo, solo en caso de agotarse los 200 libros podrían firmar uno nuevo, o no, y siempre previo pago). Y una curiosidad: Me llegó el documento del contrato en Word (o sea, susceptible de ser modificado). Estoy pensando mal al respecto, en una posible coartada para no pillarse los dedos… Pero ahí lo dejo, prefiero no especular.

ENTRELÍNEAS se concedía el derecho a editar el manuscrito en otros sellos, formatos, contactar con agentes… Pero ni una palabra de lo que percibiría el autor en caso de que la obra se tradujera a distintos idiomas o se editara en ebook. Solo se mencionaba que si la novela se convertía en “serial”, autor y editor irían al 50% (cosa muy atractiva pero bastante improbable).

  • No acabo de entender que en ese protocolo que tuve que adjuntar al manuscrito se pidiera el DNI escaneado, no valía una simple fotocopia y reiteraron en ello…, ¿por qué?
  • ¿Por qué motivo se hace constar en el contrato que la editorial no está en posesión de los datos de las distribuidoras? Parece que, en ese caso, el escritor solo puede fiarse de la buena fe de la otra parte, creerse lo que el editor quiera decirle. 

A partir del día que recibí el contrato, intercambiamos varios emails con ENTRELÍNEAS; hasta que les expresé esas cuestiones, momento en que se negaron a responderlas y me dieron portazo emplazándome a Bruño.

Les respondí diciéndoles que, como editores, deberían saber que Bruño publica L.I. J. y la novela en cuestión no lo es. También que su negativa a aclarar mis dudas y enviarme a paseo sin más me había abierto los ojos, y que las informaciones nefastas sobre su editorial que circulan por la Red ya empezaba a entenderlas.

Tanto se molestaron por lo que les dije que me amenazaron con enviar la cadena de e-mails a la Editorial Bruño “para que sepan qué clase de persona soy y qué pocos valores puedo transmitir a los chavales”.  Es curioso que los editores de ENTRELÍNEAS tengan capacidad para juzgar una obra sin leerla, puesto que justamente los valores que hay en la serie “Aventureros en Acción” son los que animaron a Bruño a publicar mis novelas, distribuirlas en colegios y llevarme a dar libros-forum.

Respondí de inmediato diciéndoles que como tengo suficiente dignidad no suelo hacer públicos emails privados, aunque no lo descartaba llegado el caso. También les hice saber que iba a escribir un artículo con mi propia experiencia y éste, sí, lo haría circular. Al amenazarme con contactar con Bruño, escribieron que entre colegas editores se pasan información sobre los autores para protegerse. Me parece muy legítimo pero también lo es que los escritores hagamos lo mismo puesto que, en definitiva, somos la parte más débil.

He explicado mi propia experiencia para que cada cual valore y decida, simplemente.

Lo que sí es cierto es que hay vividores que juegan con la ilusión de las personas, con lo mucho que cuesta en cualquier actividad artística abrirse camino, en las continuas desazones que conlleva y el inmenso tiempo que se invierte sin recibir percepción alguna mientras se chupa tecla, se compone música o se pinta un cuadro.

Así anda la Cultura en general y en este país en particular.

Quizá las editoriales deberían aceptar que los autores somos su materia prima, que ellas existen porque existimos. Pero eso ya es otra cuestión.

Lamentablemente, vivimos rodeados de alimañas, muchas de ellas disfrazadas de corderitos de pesebre.

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